Una tarde con ELLE

 

 

Queridos todos,

el otro día compré una de mis revistas favoritas : ELLE. Tengo un especie de ritual, y es empezar por Elle Decor desde atrás hacia delante, para dar una primera vuelta de reconocimiento. Con pasar 10 páginas ya me empiezo a emocionar: los cuartos de baño con luz natural, duchas supersónicas, baños de diseño color verde y cortinas con el estampado de un bosque. Después vienen los reportajes de tres casas. Una de ellas suele ser tener una decoración ecléctica, sí, hay que usar este adjetivo, es así. Sillas tapizadas en terciopelo fucsia, paredes empapeladas de motivos florales y una mesa vintage sobre alfombra turquesa. Me lo estoy inventando vamos, pero tenéis la casa en mente, verdad?

A continuación la “cojo-casa” estilo nórdico. Pocos muebles bien elegidos y colocados de una forma impecable, por supuesto, en blanco o crudo. Alguna silla decapada, de esas en colores pastel que nos encantan y un suelo de tablones de madera, blanco también, reluciente. Siempre pienso lo bonito que es y lo descabellada que me parece la idea. Mucho mejor uno de esos, maderaporsupuesto&tablónmuyancho, color un poco agrisado. Entonces me pongo a mirar en internet cual es mi suelo perfecto. Y lo encuentro. Lo mejor es, que me apunto en una libretilla los datos del elegido. Por si lo necesito en un par de semanas. No vaya a ser que no lo encuentre.

La tercera tiene un porche inmenso, cargado de millones de flores y plantas, que da a una piscina volada al mar. Esta sí que es la casa de mis sueños. Sillones con cojines de distintos colores perfectamente mullidos, un par de revistas haciendo que desordenan la mesa junto a dos mojitos fresquitos y un jarrón con flores que huele a gloria. No hace falta seguir describiendo, porque uno ya no necesita nada más.

Es en este momento cuando entran unas ganas irrefrenables de buscar en Idealista & Fotocasa. Empezando con el presupuesto real y fantaseando con el ilimitado. Primero pisos en Madrid, luego paso por los áticos, continúo con los chalets y termino con casas con vistas al mar en la costa de Granada, mi ciudad. Este es el primer “pájaro”.

Total, que cuando vuelvo al ELLE y llego a los bikinis de crochet, la entrevista a las madres emprendedoras y súper exitosas, a la par que divinas, en vez de hundirme en la miseria, pienso… olé! ¿Qué puedo hacer yo, para que me vaya tan bien, como a esas empresarias, que trabajan tanto y tienen tiempo para estar con sus 4 hijos, en sus casas maravillosas?   Además, colaboran en varias ONGs y llevan a los niños a programas de voluntariado. Encima son cultísimas porque leen mucho y no paran de visitar museos & exposiciones. Y, por supuesto, tienen un cuerpazo porque hacen yoga bikram. Y es ahí cuando empieza a sobrevolar por mi cabeza un segundo pájaro. Mucho más grande que el anterior. El de cambiar de trabajo, dedicarse una a lo que realmente le gusta, a aquello que le apasiona. Lanzarse al mundo de las ideas y a las piscinas, porque si lo haces y crees en ti, todo sale. Hay que pensar el modo de hacerlo. Sólo ese pequeño detalle.

Y vuelta a la modelo en bikini de trasero perfecto y bronceado. Reconozco que no siempre entro en este bucle, pero sí de vez en cuando, las cosas como son. Ahora mismo, pensando en la piscina que abren este sábado estoy más con el pájaro del deporte. La importancia de cuidar nuestro cuerpo. “Cuerpo y mente sanos, el reflejo de nuestro interior”. Todo se soluciona fácil. Los trucos de las modelos y famosas nos los sabemos. Salir a correr con el fresquito del verano. Tomar en ayunas medio litro de agua templada con un limón exprimido. Aficionarse a los zumos de verduras verdes que tan buena pinta tienen en las fotos. ¡Ojalá mi amiga Mima volviera dar clases de yoga! Así me obligaría un poco. A día de hoy un pareo del maldito crochet hasta los pies es lo que necesitaría. Igual los venden también.

El día siguiente a mi tarde con ELLE, entro en la ofi y recuerdo una de mis frases favoritas: “tu vida es una p*ta mierda, y lo sabes“. Esta frase estaba escrita en una de las paredes cercanas al edificio en el que trabajábamos hace un par de años y tenemos muchas bromas con ella. Siempre que pienso en la frasecita sonrío, no lo puedo evitar. ¡Con lo que me gusta mi vida imperfecta! Qué haríamos sin tener algunos pájaros en la cabeza? ¡Qué vivan las revistas, con sus casas ordenadas y sus madres modelos,  si nos animan a tenerlos! Un día alguno de estos igual viene para quedarse 😉

 

Un abrazo, María

 

 

 

 

 

 

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