Verano en Madrid

Espero que estéis disfrutando estos días, estando o no de vacaciones.  Yo me he fundido casi todas para mi suerte.  Y ya que estoy de vuelta (y “de Rodriguez”, todo sea dicho)  salí a cenar con amigas. Llevaba el pelo empapado al salir de casa, y en menos de 4 segundos, como si un secador mágico hubiese aparecido, ni gota. Estuvimos en un sitio muy chulo  en pleno centro.  Dentro del Colegio de Arquitectos, en la calle Hortaleza. Bosco de Lobos. Nos sentamos en la terraza. Un ventilador enorme amarillo nos dio la vida. El vino, blanco y fresquito nos la quitó. Esta mañana ha sido dura. Pero es verano  y esa es la gracia. Todas volvemos a tener plan esta noche. ¿A quien no le gusta salir de casa en tirantes, sabiendo que en ningún caso va a pasar frío al volver? Isa (mi hermanita) y yo, solíamos dar larguísimos paseos las noches de verano.  ¡Qué gustazo ver las no estrellas en el cielo! La luna sí. Y comer un buen helado mientras tanto.  Luego al llegar a casa, duchazo, de agua fría los valientes (yo sólo las piernas; el agua fría por el cogote me parece una tortura; soy un poco floja, lo sé). Y al día siguiente, la sensación de abrir el ojo justo antes de que suene el despertador. Con el fresquito de la mañana entrando en el cuarto, porque una ha dormido con la ventana abierta de par en par..  Ays!!Qué bonito todo! Sobre todo cuando te despiertas con una picadura del tamaño de  un huevo en la frente… Y es que,,, ¿desde cuándo hay mosquitos  en Madrid? No se supone que en las ciudades no hay? Pues en mi casa sí. Y de los gordos.  Además del citado huevo, tengo picotazos en el cuello, en la espalda, rodilla, codo, pies…  Por supuesto  intenté plantarles cara. Enciende luces, cierra puertas y ventanas y súbete a la cama a mirar al techo ( nunca están en el techo). Ni rastro. Los cobardes se estarían partiendo de risa viéndome la cara de sobada y planeando el siguiente ataque tobillero.

En cualquier caso, nadie ni nada nos puede fastidiar. Que vivan las piscinas, las cervezas fresquitas, los helados, el  aparcar en todas partes,  los paseos nocturnos, los vestidos de algodón, no tener que reservar en los sitos, las menorquinas, el relax,  los sombreritos, las terrazas, los libros fáciles de leer, las revistas,  sus chanclas de regalo, el olor a Hawaiian Tropic, las tiendas vacías y fresquitas, tardar 8 minutos y 37 segundos en llegar a casa desde la ofi,,, que viva hasta la ola de calor!

Os dejo con un par de links que vienen al caso:

86 Razones para Viajar ya

Los mejores batidos de Madrid

Top Terrazas para tomar una copa

Ah! y el anuncio de Acuarius, me encanta!

Un abrazo muy fuerte 🙂

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Foto

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Terraza Conde Duque

Ayer estuvimos en El cuartel de Conde Duque. Una de las terrazas de moda este verano en Madrid. Nuestra amiga Cris, que se entera siempre de todo, es la que nos dijo de ir. Que si no vamos a encontrar sitio ni de broma, que si va a hacer un calor que “paqué”… no hubo manera de convencerla y allá que fuimos. Había sitio de sobra y corría hasta una brisa fresca, en la medida en la que los 34 grados que hacía dejaban. El mercadillo que esperábamos encontrar ni lo vimos. Tampoco fuimos al cine de verano ni vimos exposición alguna. El guacamole con pan de gamba dejaba bastante que desear ( si, habéis leído bien, con pan de gamba… ¿ a alguien se lo ocurre algo peor para tomar guacamole? Hasta una torta Inés Rosales pega más ….) Las tostadas con salami (  me temo que no era salchichón) no nos llegaron ni al colmillo…Vamos, que el tema “Terraza apadrinada por 5 maestros cocineros que suman 11 estrellas Michelín”, que es lo que te venden, no lo catamos. Eso sí, la cerveza helada, y en mi caso, la copa de vino blanco fresquito, sabían a gloria. ¿Hay mejor plan que estar con tus amigos tranquilamente? ¿Importa algo el sitio? La realidad es que no, pero nos gusta ir a los sitios “guays”. Eso es así. Ponen unas sillitas de madera decapadas y bien de macetas con plantas. Sacos de arena amontonados . Unas cuantas lámparas  tipo industrial de hierro “modo oxidado”. Jaimas en color crudo y bombillitas colgando como iluminación y ya nos han conquistado. A mi la primera. Y si llega a haber banderitas de éstas en colores pastel y un par de “casitas de pájaro” de madera por ahí colgando, nos morimos de la emoción. Si es que somos fáciles. Quién quiere cenar bien, pudiendo sentarte en un banco de madera bajo ese techado de hojas simuladas? Yo no lo dudo, me quedo con las mariposas, pajaricos y todo tipo de muebles pintados en turquesa.

En fin, que me voy por las ramas. Ir a esta terraza es buen plan. Tendremos que volver para disfrutar del cine aunque sea. Una pena que no estuviera todo este tinglado montado cuando íbamos antaño a la biblioteca. Por lo menos hubiésemos tenido mejor excusa. “¿Alguien puede estudiar teniendo el Sing Alone éste a menos de 100 metros?”. Aunque… no nos vamos a engañar, tampoco necesitábamos excusas 😉

Que siga bien la semana y… mañana viernes!

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Centro Conde Duque